La mies es mucha y los obreros pocos. El llamado que arde en ti no espera a que te sientas listo — espera que respondas. Aquí recibes la formación para hacerlo con fundamento.
Quiero responder al llamado →Tres cursos · Clases en vivo · Ciclos en enero y septiembre
“A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”
— Mateo 9:37–38Hoy, como en cada generación, hay multitudes esperando escuchar el evangelio. En las ciudades y en los rincones olvidados. En estadios y en cocinas. La carencia nunca fue de espectadores — fue siempre de obreros dispuestos y formados.
Tal vez crees que aún no es tu tiempo. Que te falta preparación, que otros lo harían mejor. Pero ningún avivamiento de la historia comenzó con personas que se sentían listas. Comenzó con personas imperfectas que dieron un paso al frente. Dios no llamó a los capacitados: capacitó a los que llamó.
No con instituciones ni con grandes nombres, sino con personas que dijeron “heme aquí”. Esta es la herencia a la que perteneces.
i.
Francis Asbury
El ItineranteLlegó a América en tiempos de guerra, enviado con apenas lo puesto. Nunca tuvo casa propia. Durante 45 años recorrió cerca de medio millón de kilómetros a caballo, cruzando ríos y montañas para llevar el evangelio a las comunidades más apartadas de la frontera. Predicó más de 16.000 sermones. Cuando le preguntaban qué poseía, respondía: “dos viejos caballos.”
El llamado no pide comodidad. Pide disposición.
ii.
Barbara Heck
Madre del metodismo americano · Augusta, OntarioInmigrante sin púlpito ni título, llegó a Nueva York y vio enfriarse la fe a su alrededor. Le rogó a su primo: “Predica en tu propia casa, y yo te reuniré una congregación.” Cinco personas asistieron a aquella primera reunión en una sala. De esa sala nació la iglesia metodista más antigua de América. Terminó sus días aquí, en Augusta, Ontario.
Empieza donde estás, con los pocos que tengas. Lo demás lo multiplica Dios.
iii.
Los predicadores laicos
Obreros comunes, llamado extraordinarioEl avivamiento wesleyano no avanzó por un puñado de profesionales, sino por miles de hombres y mujeres comunes: comerciantes, granjeros, artesanos, madres. Gente formada y enviada a predicar en casas, talleres, cárceles y caminos. Laicos y ordenados, jóvenes y ancianos. Todos, obreros de la misma mies.
Este llamado nunca fue de unos pocos. Podría ser tuyo.
Tú perteneces a esa misma historia. El Seminario Wesleyano existe para formarte y enviarte como uno de esos obreros.
Del texto bíblico al mensaje terminado, con una estructura clara que puedes repetir cada semana.
Conocerás la herencia wesleyana que da raíz a tu mensaje, no solo emoción pasajera.
Sabrás crear y multiplicar lugares para predicar: a multitudes o a pocos en una sala, como Barbara Heck.
No serás copia de nadie. Tu voz, tu estilo, tu llamado, con las herramientas para expresarlo.
I
Conoce la herencia que da raíz a tu predicación: el corazón del avivamiento wesleyano, la santidad como camino y la teología que sostiene un ministerio sólido.
II
Aprende a construir mensajes que transforman: del texto al sermón, con método claro, estructura firme y una aplicación que toca a la gente real.
III
Convierte tu llamado en ministerio activo: abre y multiplica espacios para predicar, presenciales y digitales, con los dones que Dios ya te dio.
3 módulos individuales: $141 USD • Diploma completo:
$127 USD
Inscribirme en el plan completo →Garantía de 7 días. Si en la primera semana sientes que esta formación no es para ti, te devolvemos tu inversión. Sin preguntas.
Los cupos de esta primera generación son limitados.
“Rogad al Señor de la mies que envíe obreros.”
Quizás la respuesta a esa oración seas tú.